Aunque la palabra poder trae consigo muchas aristas.
Hace poco cerré un proyecto que -técnicamente hablando-, no requirió mucho de mí porque era algo para lo que tengo experiencia, algo que yo sabía hacer bastante bien, y eso podría colocarme en una posición de “poder”. Sin embargo, estaba en un equipo en donde las voces y propuestas que fueran diferentes a la visión de quien coordinaba el proyecto, eran constantemente desempoderadas.
Cuando eres consultora independiente, sueles vivir no solo autoexplotación, sino harto abuso laboral.
Una persona que tiene un puesto de poder afuera.
Te “subcontrata”, y replica ese poder adentro.
Abusa de ese puesto externo.
Abusa de su poder interno.
Y desde ese poder, abusa de quienes están subordinados a su voluntad.
Desde una “contratación” por honorarios y servicios de consultoría, suelen evadirse muchas responsabilidades:
Me entregaban recibos de honorarios que no iban firmados por quien era representante legal y tampoco estaban fiscalizados; no tenía contrato, solo fotos de documentos que tampoco venían firmados y que me dejan fuera de cualquier respaldo legal; se disponía de mi tiempo en horarios que no estuvieron nunca acordados; se agendaban reuniones de un día para otro e informando de estas en la madrugada; parecía que delegaban el trabajo conforme a las aptitudes y al contrato, pero una vez resuelto el conflicto te quitaban el poder sobre eso que te habían delegado y así ejercer mayor control sobre ti; no se compartía una visión de integralidad, a pesar que el proyecto así lo requiriera, porque la única visión que valía, era la de la persona en la posición de poder y control.
Recuerdo que parte del equipo se quejaba constantemente de ese control ejercido, de esa falta de criterio, porque siempre “tenían que resolver” los errores que ese mismo exceso de control generaba sobre los proyectos. Errores que se pudieron haber evitado, visiones compartidas que no fueron validadas porque no se le ocurrieron a esa persona.
Era clásico que esa misma persona desde su posición de poder, “absorbiera” muchas responsabilidades, quejándose constantemente de que hacía “demasiado” (realizando ese trabajo con un abuso también de inteligencia artificial); y cuando se “cansaba” solía improvisar con cambios que no estaban previstos en el cronograma, anunciándote sin anticipación que debías de entregar resultados de temas que no te correspondían y que ella se había ya adjudicado anteriormente.
Yo había entrado con un nivel alto de motivación, a pesar de que a partir de la primera reunión se me buscaba imponer condicionantes que no me convenían. Mi nivel de compromiso era también alto; sobre todo, porque el proyecto, la zona de análisis, las condicionantes territoriales me parecían sumamente interesantes, había tanto para aprender como para proponer. Todo eso empezó a diluirse, y a pesar de que yo ponía ciertos límites, esta persona siempre buscaba como saltarse la cerca.
Esta ideología de libertad y flexibilidad, esconde condicionantes de precariedad que traen consigo este y otros sitios laborales opresores. Donde no existe ni seguridad social, ni derechos laborales, y mucho menos una consciencia de la vulnerabilidad humana. Los consultores externos somos normalmente explotados, sin embargo, no nos concebimos como eso, porque caemos en la trampa de la fachada de la subordinación: “la libertad que ofrece el emprendimiento”.
Las posiciones de poder que no suelen conscientizar la vulnerabilidad humana como parte de las condiciones de contratación, no solamente niegan la posibilidad de ofrecer derechos a sus trabajadores y colaboradores (IMSS, INFONAVIT, Afore, aguinaldo, prima vacacional, liquidación, participación de utilidades, seguro de riesgos de trabajo, como mínimos al menos en México); sino que se debe de contar con profunda “resiliencia” para aguantar tratos impulsivos, ofensivos y muchas veces humillantes, solo porque ejercen el privilegio de control sobre las personas que tienden a resolver los proyectos.
Somos víctimas de lo que conocemos como capitalismo cognitivo, donde se mercantiliza el «trabajo inmaterial» (conocimiento, comunicación, relaciones, código, diseño, análisis); y que, comparándolo con el trabajo de cuidados, ninguno suele ser remunerado, o remunerados como deberían serlo. Ambos solicitan el sacrificio para la entrega de una especie de producto o condicionante final, pero no lo que la completud de ese producto final implica en la vida de la persona que lo realiza.
El trabajo especializado, es el que se encuentra más desprotegido legalmente, las leyes laborales fueron diseñadas para la persona trabajadora del siglo XX, y claramente a nadie (más que a las personas trabajadoras) le conviene que esas leyes o las condiciones laborales sean hoy en día reformadas; porque esto implica reducir el capital de esas personas que ejercen simplemente poder. Se encuentra cada vez más lejano el poder acceder a una mejor calidad de vida siendo consultores, analistas de datos, coordinadores o quienes proponemos una visión diferente del quehacer profesional y personal.
Se va perdiendo ese sentido de comunalidad, de pensar en las otras personas; terminas sintiéndote agotada de sostener un sistema que no se preocupa y nunca se ha preocupado por tu bienestar… ¿cómo entonces tú te vas a preocupar por otrxs? Imposible de pensar.
En ocasiones no se tiene que pertenecer simplemente a una institución, la opresión existe aún en esos escenarios escondidos en la trampa de la libertad, de la creatividad; condicionantes que siempre sobresalen pero que normalmente buscan ser instrumentalizadas para el beneficio de unos cuantos.
El abuso de poder, dista de ser liderazgo. Es otra trampa en la que las personas sin criterio propio y sin creatividad cayeron para sentirse más capacitadas. La valía del trabajo propio, del conocimiento, de los saberes, de la creatividad, son más que nunca un motivo de resistencia, sobre todo para nosotras y nosotros, los «precariados».
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2, 9 y 16 de junio y una sesión de retroalimentación grupal el 23 de junio de 2026; en un horario de: 17:00 a 19:30 hrs (CDMX -CST).
Algunas fuentes de esta bitácora:
Te dejo las lecturas en:
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Mafer.