No era la primera vez que me invitaban a participar de algún puesto como funcionaria pública, mi primer experiencia fue a nivel federal, la diferencia con el nivel municipal era tener que validar constantemente y ante personas saboteadoras mi capacidad, mi conocimiento y mi coherencia personal y profesional.
Sigo recapitulando esta experiencia, esta fugaz inmersión en el enorme mundo de la administración pública, siempre buscando anteponer el aprendizaje y el crecimiento personal ante cualquier otra cosa, porque al final de cada experiencia profesional, seguimos siendo solamente humanos.
Parecería que a los ojos externos, entrar a trabajar a un puesto así, representa un gran logro, un éxito en la vida profesional. Yo siempre he sido una persona que constantemente critica al sistema, sus procesos y a las personas que asumen puestos de poder, ya que normalmente llegar ahí no siempre es por méritos propios. En mi caso, fue una recomendación de CV, mis méritos justificaban el poder ocupar esa posición. Se presentó la oportunidad, y la tomé, porque no hay nada que me parezca tan emocionante como el poder experimentar caminos y posibilidades diferentes.
La primer semana comencé a realizar un diagnóstico puntual de las oficinas centrales, a escuchar al equipo, a entender el funcionamiento para proponer desde un lugar mucho más sentido, porque si algo realmente detesto es crear propuestas "creativas e innovadoras" simplemente por capricho.
El panorama de análisis que tenía hasta el momento, me parecía bastante claro, y al cabo de semana y media tenía ya mi estrategia para aquello que llamaría: Plan de Fortalecimiento del Sistema Municipal DIF Tula; pero lo único que no tenía, era el respaldo para ejecutarlo.
Desde el inicio de mis funciones como Directora General del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia de Tula de Allende, hubo diversos obstáculos significativos que afectaban directamente el desarrollo de mis actividades y la operatividad del organismo.
Lamentablemente, muchos de estos obstáculos provenían del interior del equipo, de personas que coordinaban acciones administrativas y técnicas, quienes generaban un ambiente de hostilidad, sabotaje, y falta de respeto hacia la autoridad institucional, dirigiendo esas actitudes también al resto de las áreas y directamente a las personas en el resto de los puestos.
En las reuniones iniciales con el equipo interno, era lógico distinguir actitudes a la defensiva hacia la posición que yo representaba, sin embargo después de tener diversas charlas más amenas para entenderles no solo como profesionales, sino como personas también, el personal comenzaba a exponerme situaciones recurrentes de abuso de poder y maltrato hacia su persona; así como de desorganización y de una carente noción de institucionalidad, responsabilizando de ello a las posiciones de coordinación actuales.
Yo me mantenía aún a un nivel de observador, entendiendo el proceso del mismo sistema; sin embargo, no podía obviar lo aparente: los niveles existentes de control, manipulación, sabotaje y toma de decisiones arbitrarias, que normalmente dejaban de lado el bienestar del equipo y por consiguiente, el bienestar del servicio público que debería ofrecer ese organismo descentralizado.
Aunque había ya presentado el diagnóstico y propuesta de mi plan de fortalecimiento, junto con las problemáticas internas a niveles de autoridad superiores al mío, nunca hubo respaldo, ni seguimiento, ni medidas correctivas. Las conductas de sabotaje continuaron.
Decidí seguir en lo mío, generando reuniones de colaboración interinstitucional, acordando entregas de avances de procesos que llevaban un tiempo detenidos. Se me seguía negando el acceso a temas internos de lo que yo consideraba la columna vertebral del organismo -los procesos de presupuesto y planeación- con la simple justificación de que "no debía meterme en esos temas", aunque mi nivel de Dirección así lo requiriera, aunque había visto ciertos indicios que denotaban que ciertas cosas no estaban bien, que ocultarme información era "parte del proceso de adaptación".
Cada propuesta que realizaba a nivel interno, cada cambio solicitado para mejora del sistema (mismas que eran acordes a mi Plan de Fortalecimiento ya presentado), eran constantemente rechazadas y saboteadas sin ningún tipo de argumento técnico. Las coordinaciones se oponían para aparentemente obstaculizar cualquier tipo de avance. El control y el poder habían mermado la visión y apertura hacia nuevas posibilidades de crecimiento.
Al cabo de tres semanas de lo mismo, comenzaron a generarse en mí múltiples dudas, entendía que mucho de lo vivido era hasta cierto punto "normal", principalmente porque me parece que tenemos justamente normalizado el hecho de que "debemos aguantar", que "es parte del sistema", que los tratos hostiles y amenazantes hacia mi persona "eran parte del juego". Un juego que al parecer, yo no sabía jugar.
Era un reto, un reto lleno de contradicciones. Un reto que no tenía respaldo alguno, porque me sentía todo el tiempo nadando sola y contra corriente.
Un reto que me llevó a valorar mucho más la comunidad que se construye fuera del egoísmo y del egocentrismo. Un reto que implicó decidir sostenerme primero para poder seguir sosteniendo y guiando a otros. Un reto que implicó un gran logro personal, priorizar mi bienestar ante el abuso laboral.
Las conductas reiteradas de sabotaje, de abuso de poder, de falta de respaldo ante la corrección de dichas actitudes para mejorar "el sistema", me llevaron a abandonar.
Lamentablemente, esta situación interna se traduce en un deterioro operativo que afecta directamente los derechos laborales y la atención a las personas más vulnerables del municipio.
No es posible dirigir una institución como el DIF bajo condiciones de sabotaje sistemático, falta de transparencia, conflictos de interés, y una estructura que protege a quienes se niegan al trabajo ético y colaborativo.
Renuncié,
Renuncié al abuso laboral
Renuncié para priorizar mi bienestar
Renuncié porque necesitaba poner límites
Renuncié a mi propio perfeccionismo y a la necesidad de “tener que aguantar”
Renuncié a ser Directora del Sistema Municipal DIF en Tula de Allende, Hidalgo.
Y aunque al principio me sentí derrotada, sabía dentro de mí que, por más esfuerzos que hiciera, no lograría transformar sola ese sistema; porque en él también necesitas sentirte acuerpada, contenida y sostenida, no solo por tus propios conocimientos, sino por quienes creen que otros mundos son posibles, por quienes lideran con visión y comparten tus ideales. En este caso, no era así.
Hoy me siento en paz: me reencontré conmigo, recuperé la pasión por lo que hago y el sentido de construir comunidad, desde mi lugar y en libertad.
Gracias por resonar.
Mafer Skewes
Consultora Social.
Gracias por suscribirte
¡Nos leemos pronto!